Los campos verdes de MorenaBC

Por: Ricardo Meza Godoy / PyC
Una peculiar forma en la que la aristocracia europea, siglos atrás, mostraba su influencia y poder ante el resto de la población, era a través de sus jardines.
Grandes extensiones de tierra en sus fincas, frente a sus castillos y hogares, eran dedicadas, no para el cultivo de alimento, o pastoreo de ganado. Estaban ahí para tener un pasto (no comestible) verde y corto, que no tenía otra función más que demostrar que tenían suficiente riqueza como para tener mucho espacio y no utilizarlo.
Era pues algo inútil en el sentido práctico, pero útil en el simbólico. Estatus a través del desperdicio de la tierra.
Una práctica que guardadas las proporciones se exportó hacia nuestro continente, y aún hoy, la vemos en muchos lugares. Aunque ya hay movimientos desde la misma sociedad, que promueven el darle otro sentido a los jardines, sembrar plantas nativas, flores y demás elementos que atraigan no solo las miradas, sino la vida y la reciprocidad hacia el medio natural.
Los grandes jardines de la aristocracia, verdes, cortados a ras, fue la imagen que se me vino a la mente hoy que vi esa gran convocatoria política en Tijuana, donde funcionarios de todo el Estado (todos de Morena) acudieron a lo que llamaron la celebración de los dos años de la transformación en el país.
Estas celebraciones que han sido muchas, han estado todas enmarcadas en hacer ver al resto de la población, que las hacen porque pueden, porque les da la gana, y porque les gusta, sin utilidad práctica evidente, pero con una simbólica perfectamente legible.
En lugar de una gran extensión verde, es una gran extensión guinda. La aristocracia política bajacaliforniana enfrente, el resto atrás. Baja California su finca.